Promesa De Fútbol

Amarillo es mi color

jonathan-viera-las-palmas_qne4xvo9q09z1q4so79hdfgh2

Fuente: goal. com

Un cortadito para el pecho, oxígeno y un suspiro mezcla de alivio y satisfacción. Así es cómo se siente el aficionado medio de la Unión Deportiva Las Palmas tras conseguir la permanencia matemática. El hecho de volver tras más de quince años, además de haber realizado una pretemporada y planificación nefastas, lo ha minimizado la apuesta a una carta que hizo la junta directiva por Quique Setién. Los jugadores y él, o él y los jugadores, da lo mismo en qué orden vayan las prioridades: este equipo vuelve a recobrar una identidad perdida, además de una confianza infinita en sus posibilidades.


No cabe duda que está la UD está de moda. Tras el 4:0 recibido en Getafe, se entendió que Paco Herrera no daba para más. Se le concedió la oportunidad de comandar el proyecto en primera por agradecimiento a lo conseguido y, sin embargo, no lo logró. Con Herrera se intentó tener esa idiosincrasia, siempre tan exigida, que demandan los aficionados grancanarios. Esos quince días en los que se ven las caras cerca de 20 mil personas (a veces un poco más, otras un poco menos) habituales en estos mares complicados de la élite española, la que futbolísticamente sea la mejor liga del mundo. La situación le superó, como ya le pasara en Vigo hace unos años. Precisamente, desde Galicia, llegaba Setién tras haber conseguido casi lo imposible en Lugo: tener un equipo profesional en la segunda categoría. Lo hizo con esa cabezonería que suele resultar ser una moneda al aire. Le salió cara: desde que se ascendió de 2ºB, el Lugo quería ir dando pasos adelante para consolidarse como uno de los clásicos de la categoría. Con recursos limitados, pero aprovechando la coherencia dada por la directiva rojiblanca.

 

La semana después de la derrota en Getafe, la Unión Deportiva se enfrentaba al Villarreal. Le seguían el Madrid, la Real Sociedad y el Valencia. Un calendario complicado, que no lo fue tanto. Desde el primer minuto, Quique encontraba la excusa perfecta para mandar a partir del balón, pero también saber adecuarse o modificar el plan cuando no se tenía. Aquí, con infinitas bajas, Las Palmas hizo lo que tuvo que hacer, aunque puede que tardara en hacerlo varios meses. Se tenía que sufrir y la grada lo sabía, a pesar de las infinitas protestas que se daban en ocasiones. Las sensaciones iban “in crescendo” tras el empate en Mestalla ante el Valencia de Nuno. Aquello ya atrajo la atención de todos: la UD había venido para quedarse, nunca dejó de intentarlo. No se ganaba fuera, pero en casa parecía construirse un feudo difícil de profanar. Solo se necesitaban tiempo y confianza, al fin y al cabo, la UDLP era (es) de las tres peores plantillas de la categoría. Se hizo, además, avanzando en Copa hasta los cuartos de final. Dejando en el camino a Real Sociedad y Eibar, respectivamente.

 

Don Carnal se disfrazó de Poseidón y agitó los mares en lo extradeportivo. El equipo había perdido contra Rayo y Sevilla, cuando a Nauzet Alemán y Araujo (cuyos rendimientos estaban muy por debajo de lo esperado) cercenaron la paciencia del técnico cántabro. No se sabe realmente qué pasó, pero la conjura (además de sobreponerse a las graves lesiones) fue suficiente: la UD ya estaba lo suficiente madura para ser de primera división. Las sensaciones ante el todopoderoso Barça, no pudieron ser mejores: se perdió 1:2, pero no se torció el gesto, la afición se enorgulleció del equipo, algo que terminaría levitando en Ipurúa. Los tres puntos más difíciles de lograr (hasta la fecha) de la temporada ya eran historia: la UD rompió su mal fario de no ganar lejos de las islas.

 

El fin del principio: ganar en un campo tan complicado como el eibarrés, dieron suficientes alas para seguir alzando el vuelo: Anoeta, El Madrigal o Riazor, sucumbieron al trabajo, al buen hacer y efectividad amarilla. Entre medias, el accidente del Madrid o la relajación ante Sporting o Betis. Ante el Espanyol se terminó logrando lo deseado, el objetivo o la razón de ser de la UD: quedarse en primera. El alivio, la satisfacción y la sonrisa eran las reacciones que más se repitieron ayer en el Gran Canaria, un campo que cada vez se va pareciendo más al Insular en términos de dificultad.

 

Quique Setién ha sabido tejer una red competitiva muy fuerte, a partir de las bajas. Con Bigas, Vicente, Hernán, Wakaso y Javi Castellano fuera, el colectivo se reforzó con la llegada de Lemos y Montoro. Refuerzos sin nombre, pero con mucho fondo. Roque Mesa creció como un improvisado mediocentro, David García impuso sus tablas ante el agitado Simón, Nili Perdomo ha dado esa frescura necesdaria del clásico extremo, mientras que Tana acumulaba atracciones y balones al pie, junto a Viera y Momo, para darle vida a la Unión Deportiva, por no hablar de las recepciones entre líneas de Willian José, quién se impuso a Araujo hacía meses a base de trabajo y aportaciones constantes (en forma de goles). El equipo ha ido recuperando, paulatinamente, efectivos para poder cerciorar una permanencia con estilo, elegancia, trabajo, humildad y fidelidad ideológica.

 

El Atlántico sonríe: la isla redonda del archipiélago afortunado se queda otro año más. Mientras Guedes y Tonono se unen al canto unánime, desde dónde quiera que estén, al son de “amarillo es mi color”.

Anuncios

Información

Esta entrada fue publicada en 23/04/2016 por en Francia, Reportajes y etiquetada con , .

Navegación

A %d blogueros les gusta esto: